lunes, 7 de mayo de 2007

¿CÓMO OCUPAN SU TIEMPO LIBRE LOS ADOLESCENTES PIQUENSES?

Resumen
Este artículo hace referencia a la investigación[1] realizada con el fin de aproximarme a la temática del tiempo libre en la Ciudad de General Pico, a través de la descripción de las principales actividades que realizan en su tiempo libre escolares de 12 a 16 años, indagando el lugar que ocupa la actividad física dentro de estas elecciones y analizando las posibles diferencias entre uno y otro sexo. A tal efecto consideraremos tres posibles dimensiones del tiempo libre: diversión, descanso y desarrollo.

Introducción
La elección del presente tema se relaciona con inquietudes y vivencias como habitante de la ciudad de General Pico y como docente a partir de charlas informales con alumnos en las cuales manifestaron pasar muchas horas “sin hacer nada” o viendo televisión.
A los fines de este trabajo, se considera la “edad” como referente, teniendo en cuenta que existen múltiples diferencias relacionadas principalmente a la posición social, el género y la edad. (García Canclini. N. 1995).
Si tomamos en cuenta que en nuestro país la educación abarca un período de 5 a 6 horas, es importante preguntarnos ¿qué hacen los escolares el resto del día?.
Enmarcando la práctica de actividades físicas dentro de un amplio abanico dentro del cual los adolescentes pueden elegir libremente; “atendiendo a las nuevas formas de vida moderna, que acrecientan la duración y la importancia del tiempo libre” (Cuenca. M. 1984); partiendo de la consideración por diferentes Organismos Internacionales del tiempo libre como derecho social básico e irrenunciable y de la Declaración sobre los beneficios del ejercicio para la salud de la Organización Mundial de la Salud, es que nos preguntamos:
- ¿Cuáles son las principales actividades de tiempo libre que realizan los escolares?
- ¿Qué lugar ocupan las actividades físicas dentro de las elecciones de los escolares?
- ¿Existen diferencias entre las actividades realizadas por uno y otro sexo?
Según Trilla Bernet. J. (1993:61): "el tiempo libre de los escolares es el tiempo restante del tiempo escolar, descontando obviamente, como en el caso de los adultos, los tiempos para satisfacer necesidades biológicas básicas, los de las obligaciones para escolares (deberes, estudio…), los dedicados a la colaboración en tareas domésticas, etc."
Existe una amplia y diversificada discusión sobre los lapsos temporales y sobre el significado y la valoración de la libertad, ambas cuestiones implícitas en el concepto de tiempo libre. Al respecto, las recomendaciones surgidas de la Organización Mundial de la Salud, entre otros organismos, apuntan al hecho de que, en la composición del tiempo libre debe operar una proporcionalidad en la cual se equilibren el descanso o reposo, la diversión o esparcimiento y el desarrollo de la personalidad.
El concepto de tiempo libre abarca un círculo amplio de fenómenos como las necesidades fundamentales del individuo en el plano de la participación en la cultura y sus necesidades respecto al restablecimiento de sus energías mediante el descanso. Además, crea posibilidades para el fortalecimiento de la familia, las relaciones con amigos, grupos de pares.

Conclusiones
El afán de analizar las actividades del tiempo libre juvenil nos lleva a hablar, en primer lugar, respecto a los cambios y transformaciones a todos los niveles que se han producido en los últimos años en la concepción y organización del tiempo en el conjunto de la sociedad.
La concepción del tiempo en la vida de la persona está condicionada por muchos y diversos factores. Entre ellos podemos mencionar los cambios tecnológicos, la concepción del tiempo de trabajo, del tiempo escolar, de los espacios de vida ciudadana, la concepción del consumo, la misma concepción del tiempo libre y del tiempo desocupado.
Para Reguillo Cruz. R. (2000) son tres los procesos que “vuelven visibles” a los jóvenes en la última mitad del siglo XX: la reorganización económica por la vía del aceleramiento industrial, científico y técnico, que implicó ajustes en la organización productiva de la sociedad; la oferta y el consumo cultural; y el discurso jurídico mediante el cual se generan dispositivos especiales para ejercer una tutela acorde con el clima político, y que al mismo tiempo opere como un aparato de contención y sanción para un segmento de la población que irrumpe masivamente en la escena pública. Aunada a estos procesos actualmente hay una dimensión muy importante que esta conformada por los dominios tecnológicos y la globalización.
La organización social, por lo tanto, no puede definirse simplemente a partir de la actividad del trabajo y, consecuentemente, ya no puede ser a partir de aquí que se puedan estructurar los diversos tiempos de la vida. En este contexto el tiempo libre ya no es solamente un tiempo residual. Participa de esta profunda modificación de la relación con los tiempos y los espacios de las personas, de los grupos y de las relaciones sociales en un sentido amplio de las mismas.
Un tiempo que, en el caso de los adolescentes de nuestro medio, lo condiciona el mismo entorno social, el entorno urbanístico, los recursos económicos que no son autónomos (“...Cuando hay plata salimos al boliche o alguna canilla libre.” ); las programaciones de los medios de comunicación [de forma especial y mayoritariamente la televisión]; las industrias del ocio, las culturas y subculturas del ocio [videos, música, videojuegos...], las modas [especialmente en la forma de vestir]; las expectativas familiares [idiomas, deporte, informática...]. respecto a las complementariedades en el tiempo y el ritmo de vida de los hijos.
( “ ...por un lado lo elegí yo y...bueno, también mis padres me dijeron que vaya, también.” ).
Los adolescentes distribuyen su tiempo de una manera compleja. Podemos decir que parte de ese tiempo está dedicado a las tareas obligatorias -como las relacionadas con la escuela, tareas hogareñas, comer, higiene personal y desplazamientos- y parte se dedica al tiempo libre. El cual es utilizado para dormir o descansar, utilizar aparatos electrónicos; practicar actividades físicas y juegos; y participar en actividades culturales. Todo esto en compañía de su familia y en mayor medida por sus amigos.
Los tiempos adolescentes de nuestro entorno se apoyan, no tanto en la escuela, sino en todo aquello que queda fuera del tiempo escolar. Que también para muchos está fuera del estricto tiempo familiar, por muchas y diferentes circunstancias. Un gran espacio de tiempo de sus vidas, que no está regulado ni institucionalizado, ni mucho menos estructurado, se dedica al tiempo libre. “...Por ahí estar en otro lugar es más... Es más divertido que en tu casa”.
Según los testimonios recogidos, las actividades más frecuentes que realizan los adolescentes en su tiempo libre muestran un importante predominio de actividades que implican contactos sociales principalmente con los amigos (en el barrio, la plaza, la Avenida San Martín, boliches, pubs o en casas) y con la familia. En ambos casos se observa un importante protagonismo del uso de la televisión.
La televisión, al no exigir un código de acceso complejo, (se expone diariamente a los niños y a los adolescentes a la mentira, la violencia, etc.) como exige el libro, (que esconde sus formas de control en la complejidad de sus temas y del vocabulario); posibilita romper la separación del mundo adulto y sus formas de control. La televisión convierte el espacio doméstico en el más ancho territorio virtual. Pero, la televisión no obra por sí misma, sino que cataliza y radicaliza movimientos que están en la sociedad, en relación con una reorganización profunda en los modelos de socialización: ni los padres constituyen el patrón-eje de las conductas, ni la escuela es el único lugar legitimado del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura. (Martín Barbero. J. 2002).
Los entrevistados mencionaron ocupar entre 1 y 6 horas en la utilización de televisión o computadora por día. Los varones parecen ocupar mayor cantidad de tiempo que las mujeres. “...Yo de noche me sé quedar hasta las cinco de la mañana”.
Dentro de las actividades realizadas con los amigos se destaca el vagabundeo por la ciudad y las caminatas o encuentros en lugares específicos de encuentro juvenil como la Avenida San Martín o la plaza. Esos lugares les gustan porque se encuentran con otros adolescentes. “Encontrarnos con los amigos”, “Salir”, implica un deseo de divertirse o “pasarla bien”
En cuanto a la práctica de actividades físicas, los varones realizan mayor cantidad de actividad física en comparación con las mujeres. Los varones de 12 a 14 años practican más actividad física que los de 14 a 16 años. En las mujeres se dan prácticas similares en ambos grupos de edad. La actividad física preferida es el deporte.
Este tipo de prácticas se realiza principalmente con los amigos, apreciándose una poderosa intervención de actividades de diversión y el esparcimiento - “...siempre ando jugando con los amigos”. Este contenido del tiempo libre constituye una práctica altamente estimable por cuanto contribuye a enfrentar las tensiones cotidianas - “...vas a estar un rato con los amigos, a despejarte”. Asimismo, constituye el espacio de la vida social en el que tiene lugar ese insustituible instrumento de la sociabilidad y el aprendizaje, como lo es el juego y su rica y variada influencia en la conformación de la personalidad.
Si consideramos las actividades físicas que los adolescentes realizan diariamente en relación con sus desplazamientos por la ciudad y las prácticas con amigos, podemos decir que dichas actividades ocupan un lugar importante entre las preferidas por los adolescentes. La práctica de actividad física como aprendizaje o entrenamiento es menos importante. Este tipo de prácticas es mayor en el grupo de 12 a 14 años. En las edades siguientes parece haber un abandono de la práctica deportiva en relación con lo que ellos llaman aburrimiento o pérdida de interés y la preferencia de otras actividades sin compromiso, como por ejemplo pasear con los amigos: “... Antes practicaba un montón de deporte ... después como que perdí interés”.
Actividades como los juegos de mesa no se encuentran entre los más practicados por los adolescentes.
Si bien los adolescentes entrevistados describen algunas actividades de descanso, en términos de cantidad de menciones, parecen otorgarle poca importancia a este tipo de actividades más allá de las necesarias para el descanso reparador o funcional. Por otro lado, las actividades que se dan en casas como por ejemplo charlar, tomar mate, “no hacer nada”, o escuchar música se emparentan con las actividades de descanso.
Las expresiones “Me aburro”, “ No sabemos a donde ir”, “... no sabemos que hacer”, parecen manifestar un no saber qué hacer de sí mismo (Weber. 1963), una ausencia de proyectos, cierta necesidad de que algo o alguien los entretenga u ocupe ese espacio de tiempo. Paradójicamente también dicen “No tengo tanto tiempo” o “Cuando tenemos tiempo”, que pondría de manifiesto una jornada llena de actividades y también la manera en que es percibido el tiempo en relación con el incremento de las velocidades en operaciones a control remoto, la realidad virtual de Internet o los video-juegos.
Los adolescentes entrevistados parecen realizar más actividades culturales de carácter individual, especialmente escuchar música, que con carácter de espectáculo
Las actividades relacionadas con la música son las más practicadas. En la música, aunque producto en buena medida de los medios masivos y de la tecnología, se hacen audibles las percepciones de los jóvenes. (Jesús Martín Barbero, 2002).
Consideramos que las actividades que realizan los adolescentes en relación con la música corresponden a un tiempo de esparcimiento cuando la escuchan o bailan y también a un tiempo de creación o desarrollo personal en el caso de los adolescentes que tocan algún instrumento o cantan.
Salvando el caso de la música, podemos decir que los adolescentes de 12 a 14 años participan en menor cantidad de actividades culturales que los de 15 a 16 años.
La menor incidencia de actividades culturales dentro de las actividades preferidas de los adolescentes nos lleva a considerar que sus posibles aportes al desarrollo de la personalidad de los mismos se encuentran seriamente restringidos.
La anterior descripción nos permite afirmar que, en el grupo de adolescentes entrevistados, la principal actividad de tiempo libre de los jóvenes es “estar con amigos”, seguida de “ver la TV o usar la computadora”, “practicar actividades físicas”, “estar con la familia”. Por lo tanto la práctica de actividades físicas es medianamente importante, sobre todo como deporte y mayor en el caso de los varones.
Señalaremos a continuación cómo se configuran tres posibles dimensiones del tiempo libre: descanso, diversión y desarrollo
Descansar no es solamente una necesidad fisiológica contrapuesta al esfuerzo y a la fatiga. Saber descansar, relajarse o contemplar gratuitamente es un arte y, aprenderlo, sería una garantía del desarrollo de la sensibilidad, del autoconocimiento, del placer e incluso de la objetividad, así como también de otras capacidades muy nobles para el ser humano.
Desgraciadamente este descanso reparador no siempre es posible en la actualidad. A menudo el desgaste físico y psíquico (atención, retención, ejercitación...) que el adolescente sufre porque debe trabajar o porque participa de muchas actividades o cuando las condiciones materiales de trabajo y estudio en la escuela y de descanso en casa no son óptimas.
La diversión humana implica disfrutar de la vida, de las relaciones personales, de las habilidades y capacidades de las personas. Divertirse es también una manera de crear. Pero actualmente la diversión no es independiente de la economía.
El espacio del tiempo libre es, virtualmente, un espacio para el desarrollo individual y social, para el desarrollo de los valores humanos. Este desarrollo, en un espacio de tiempo marcado por la opción personal, por la no obligatoriedad, adquiere una dimensión nueva y posibilita que el tiempo libre sea auténticamente transformador. Pero, algunos adolescentes llenan su tiempo libre (y no siempre por su propia voluntad) de actividades que les permiten prepararse mejor para un entorno social competitivo y agresivo, bien sea a costa de añadir a la jornada escolar clases complementarias interminables, bien sea buscando actividades que les permitan diferenciarse nítidamente de los demás.
El tiempo libre del adolescente es un tiempo de amistad, de autoconocimiento, de desarrollo de la afectividad, de encontrarse consigo mismo, de descubrir las propias capacidades, de maduración de los sentimientos, de vivir en grupo y asociarse y aprovechar todas sus posibilidades: diálogo, compromiso, cooperación...
Quizás los adultos les tenemos miedo al ocio, al ocio como lo entendían los griegos, al ocio que da tiempo para pensar, para deambular sin rumbo. Y los chicos tienen derecho no sólo a descansar y divertirse, sino a descubrir que el ocio no es la madre de todos los vicios sino el espacio en el cual la mente procesa lo recibido para poder apropiarse y transformarlo en creación.
Bibliografía
Asociación Mundial del Ocio WRLA (1993). Carta Internacional para la Educación del Ocio. Disponible en: URL: [http://ocio.21.com], consulta 10/10/02
BARBERO. JESUS MARTIN. “Jóvenes: comunicación e identidad”. Revista de Cultura Pensar Iberoamérica. OEI. Numero 0, Febrero, 2002.
Comité Mixto OMS Y FIMS. (1995:468) “El ejercicio y la salud” en Boletín de la Organización Mundial de la Salud. Colonia, 1995.
CUENCA. M. “Educación para el ocio”. Ed. Cincel. Madrid, 1984.
GARCIA CANCLINI. N. “Consumidores y ciudadanos”. Editorial Grijalbo, México, D.F., 2000.
REGUILLO CRUZ. R. “Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto”. Grupo Editorial Norma, 1º edición, Buenos Aires, 2000.
TRILLA BERNET. J. “Otras educaciones: animación sociocultural formación de adultos y ciudad educativa”. Universidad Pedagógica Nacional. Antropos Editorial del Hombre, Barcelona, l993.









[1] GISMONDI. M. P.: “Tiempo libre: principales actividades de escolares de 12 a 16 años”. Tesis de Licenciatura en Educación Física. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de La Pampa. 2003.